Mi casa es pequeña, pero si vienen movemos lo que hay y queda harto piso. Está en una colonia donde matan (curioso que tenga nombre de personas que curan, aunque a veces también matan, oséiase, Doctores), pero no salimos ni llegamos después de las 10 de la noche no sea que nos conviertan en calabaza de halloween (total, aquí nos embriagamos, de alcohol o de palabras, o de alcohol y palabras). Tengo vecinos que me visitan casi todos los días, sus edades oscilan entre los 6 y los 13 /sí, oscilan, a veces el que tiene 6 tiene 8, y con más frecuencia los de 12 y 13 retroceden muchos años/, no sé el porqué pero creo que les ha dado por pensar que soy una niñota. Con los adultos, la cosa es diferente. El otro día una señora se refirió a su servilleta como una muchacha “alta” en un tono absolutamente serio… (un vecino de la torre vecina vio que fue una muchacha alta con una bicicleta la que rompió su llave y descompuso la chapa de la puerta principal, así de serio el tono, hágame el favor… /los adultos siempre tan… desabridos/.) He dejado de fumar, pero sueño que fumo, y a veces no solo lo sueño. Ya no acentúo solo solo por el trabajo. Sigo buscando cosas impalpables en tiempos que no se dilatan. He detenido la inercia de trabajar para escribir un poco acá… me detengo de acá y voy a lavarme los dientes, me miro al espejo, soy yo, nunca había tenido el pelo tan largo.
Archivo del Autor: coyotito
Te busco, te busco y no te busco
Hace no mucho tiempo, una bruja de colores me dijo mis “verdades”… las que ella veía (y hay que reconocerlo, tenía la vista afilada), y desde entonces he pensando qué hacer con ellas. En cuanto uno deja de hacer con sus verdades, se estancan, pudren y comienzan a liberar gases mortíferos. Tal vez no importa taaanto qué haga uno con ellas, tal vez se les puede hacer cosquillas, lavarlas y exprimirlas con fuerza centrífuga a seiscientas revoluciones por minuto, ponerlas a correr, hacer que repitan ooooooommmmmmm dos mil veces, cocinarlas, sacarles la lengua, apuñalarlas y beberse la sangre… cualquier cosa, que las conserve y transforme, para que no se olviden.
El otro día platicaba con mi sobrino sobre sus sueños… y sus pesadillas, a sus seis años, tiene pesadillas con villanos que lo encierran en castillos junto con sus amigos y no puede escapar. Muchas caricaturas de buenos contra malos, Je sais. Dice que tenía mejores sueños cuando tenía tres años, hace media vida ya, ahora no son tan buenos, dice. Los míos tampoco, hace media vida suya que todos mis sueños no hacen uno… /pero imprima, mujer, no deprima: remember Martín Romaña/. Uno de los mejores sueños de mi vida lo tuve cuando era niña, volaba completamente desnuda en un cielo nocturno tachonado de luces.
Es de noche, pero hay luz, aún hay mucha luz.
Y si la fuerza hablara….
Os esperaba. Soy el inicio de un nuevo ciclo y, después de todo lo que habéis llevado a cabo, no podráis vivir si no me conocierais. Os enseñaré a vencer el miedo: conmigo estaréis dispuestos a verlo todo, a oírlo todo, a probarlo todo, a tocarlo todo. Los sentidos no tienen límites pero la moral está hecha de miedos. Os haré ver la inmensa ciénaga de vuestras pulsiones, las sublimes y las tenebrosas. Soy la fuerza oscura que asciende en vosotros hacia la luz.
Del centro de las profundidades, de los subterráneos de mi ser, brota mi energía creadora. Echo raíces en el cieno, en lo más denso, más terrorífico, más insensato. Como un horno ardiente, mi sexo exhala deseos que, a primera vista, parecen de naturaleza bestial, pero no son sino el canto oculto en la materia desde el origen del universo.
Mi intelecto, luz procedente de las estrellas, fría como el infinito, actúa sobre el calor eterno del magma para producir el rugido creador. Cielo y tierra se unen en ese grito, despertando al mundo. Puedo hacer que cada humilde piedra se convierta en una obra de arte. Puedo hacer que en árboles raquíticos crezcan frutos jugosos.
Llámalo potencia sexual, energía de la materia, dragón, kundalini… Es un caos inconmensurable que cobra forma en mi interior. En mi vientre se unen un diablo y un ángel formando un torbellino. Como un árbol estiro mis ramas hacia el cielo reforzando al mismo tiempo mis raíces en la tierra. Soy una escalera por la cual la energía sube y baja simultáneamente. Nada me asusta. Soy el comienzo de la creación.
(La vía del Tarot, de Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa) Sigue leyendo
I wish I could
tell her to be braver… It really gets me when she’s overwhelmed by all daily nothings…
Entonces el diagnóstico fue (verídico): “No sabemos qué es. Lo que sí sabemos es que está llena de mierda”. No exactamente con esos términos, pero para el caso… ¡mierda!
La purga fue infernal. El dolor no se fue.
¿Decir o callar?
Si oso decir que nunca, nunca más haré algo, las oportunidades para hacerlo se multiplican al ciento, al mil por ciento. No basta pensarlo, con pensarlo aún estoy tranquila, es al decirlo que comienza la prueba…
A veces creo que no soy sino una idiota con la mirada cegada por una tosca película de inteligencia.
Pero esta noche una mariposa de visos dorados se ha posado sobre mi pulgar
y me he sentido extrañamente aliviada.
He soñado que a mi computadora le faltaba un cacho, como si la hubieran mordisqueado ratones o picoteado pájaros, y fue estresante. Siempre quiero pensar que es posible el paso sin guarache, que nada hay seguro; pero en mi sueño, inmediatamente deseé que mi lap estuviera asegurada, que alguien me diera una nueva rápido… ¡Já!
De algún modo, poco a poco, o de un madrazo, en dosis, por gotas, como diarrea, a sorbitos (¡pero no diarrea a sorbitos!)… recuperar la palabra. De algún modo…
Es por demás…
La inveterada tendencia a la distracción
“The devil is an ass”
Ben Jonson
Ayer eché en falta mi ejemplar de La divina comedia y, como no hay muchos libros en mi biblioteca, tengo presente la ubicación aproximada de cada uno, pero de éste no hallaba el recuerdo. ¿Apoco se lo vendí junto con los demás a Silverio? (gran negocio: él nunca me pagó y yo nunca le cobré) ¿Mi divina bruguera pasta dura de traducción en no mala prosa? ¿Con aquella apabullante advertencia en la puerta del infierno: Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hasta la raza condenada. La justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo la divina potestad, la suprema sabiduría y el primer amor. Anteriormente a… ¿apabullante? Bué… pero ese ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! sí que es rotundo. Para no acortar este de por sí breve preludio, les diré que hallé el libraco relegado a morar entre los diccionarios y los libros ‘menos queridos’ (un error, sin duda, una distracción sin consecuencias), con su lomo igual de raído que si hubiera estado todo el tiempo ocupando un sitio en las repisas dihonor entre El caballo asesinado y la calavera del perro también asesinado -muerte por llantas- que cuentan que se aparece por el libramiento y que aúuulla siempre que pasa algún ciclista. Iluso. No te la devolveré.
De puro gusto me puse a componerle el lomo (unos cachitos de ese genial invento llamada cinta adhesiva por aquí y por allá… del libro, claro… al perro le puse uacheú, pero de eso ya hace tiempo), acto seguido busqué el infierno, canto tercero y apenas un momento después mi lectura varó en la respuesta del fantasmini italianini a la impresión de dureza que la advertencia produce en Dante. Cito: “-Conviene abandonar aquí todo temor, aquí ha de finalizar toda cobardía. Hemos llegado al lugar donde te he dicho que verías a la desconsolada gente que ha perdido el bien de la inteligencia.”
Las cursivas, claro, las he puesto yo. No había reparado en el infierno -siempre terrenal y no precisamente metafórico- como un estado del que está ausente la inteligencia. Asegún la filosofía budista, el sufrimiento nace de la ignorancia, no de la ignorancia entendida comúnmente como falta de educación o de cultura, sino como el desconocimiento de nuestra verdadera naturaleza y que es, en palabras de Sogyal Rimpoché, “el origen de todos los tormentos del samsara”.
¿A qué se refiere este señor cuando habla de una “verdadera naturaleza” común a todos los hombres? Para ilustrarlo, explica la postura que adopta Buda al meditar: sentado en el suelo, sereno, con el cielo sobre él y a su alrededor. Es decir, con una actitud mental abierta, como el cielo, y al mismo tiempo, en contacto directo con la tierra; enlazando así su naturaleza absoluta y sin límites (mental) con su realidad, esa condición relativa y pasajera y mortal (material). ¿Y cómo? Meditando. Y después anota un método para hacerlo, postura, respiración, toda la cosa. Esto en El libro tibetano de la vida y de la muerte. Otro señor del que cuentan cosas admirables (pero que no quiero decir su nombre porque el vato siempre dijo “olvídese de la personalidad, no se fije en el mensajero”) decía nanana, es muy tentador irse a recluir a un monasterio, retirarse de este hediondo mundo y trabajar por el desarrollo personal únicamente; o encerrarse media, una hora, dos, embebido en profunda meditación y después ‘volver’ al mundo y reintegrarse a su dinámica. La meditación debe respirarse, vivirse como un estado permanente de atención e inteligencia al servicio del bienestar común, no individual, y no bastando -visto el grado de putrefacción-, es preciso distinguir el servicio más útil del menos útil, lo vital de lo bueno.
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Mientras, la servilleta de todos sus mocos, digo, de todos ustedes, los saluda reportando nuevamente desde el centro mismo de la contradicción…
…y salgo corriendo porque redepente recuerdo que desde anoche dejé una tarántula bebé en la camioneta, en un vasito, tapadito, con muchos agujeritos pa que respire, pero chingao no le esté dando el sol y se haya achicharrado ya. Chingao chingao. Sí, sí, muchas intenciones de irla a soltar al monte, luna llena y chow completo, pero namás saliste y te olvidaste.
… Ahhh, fiú, te salvaste porque está viva y ora sí, a llevarla al despoblao. Esta peludita me la regalaron (si es que lo que no tiene dueño se puede regalar) porque un día comenté que eran bonitas y que se siente chidillo cuando te caminan por la piel, pero una cosa es una cosa y otra muy distinta poner un animal en cautiverio, ¿qué mal le he hecho yo al bicho ese!
