Hace no mucho tiempo, una bruja de colores me dijo mis “verdades”… las que ella veía (y hay que reconocerlo, tenía la vista afilada), y desde entonces he pensando qué hacer con ellas. En cuanto uno deja de hacer con sus verdades, se estancan, pudren y comienzan a liberar gases mortíferos. Tal vez no importa taaanto qué haga uno con ellas, tal vez se les puede hacer cosquillas, lavarlas y exprimirlas con fuerza centrífuga a seiscientas revoluciones por minuto, ponerlas a correr, hacer que repitan ooooooommmmmmm dos mil veces, cocinarlas, sacarles la lengua, apuñalarlas y beberse la sangre… cualquier cosa, que las conserve y transforme, para que no se olviden.
El otro día platicaba con mi sobrino sobre sus sueños… y sus pesadillas, a sus seis años, tiene pesadillas con villanos que lo encierran en castillos junto con sus amigos y no puede escapar. Muchas caricaturas de buenos contra malos, Je sais. Dice que tenía mejores sueños cuando tenía tres años, hace media vida ya, ahora no son tan buenos, dice. Los míos tampoco, hace media vida suya que todos mis sueños no hacen uno… /pero imprima, mujer, no deprima: remember Martín Romaña/. Uno de los mejores sueños de mi vida lo tuve cuando era niña, volaba completamente desnuda en un cielo nocturno tachonado de luces.
Es de noche, pero hay luz, aún hay mucha luz.
Y si la fuerza hablara….
Os esperaba. Soy el inicio de un nuevo ciclo y, después de todo lo que habéis llevado a cabo, no podráis vivir si no me conocierais. Os enseñaré a vencer el miedo: conmigo estaréis dispuestos a verlo todo, a oírlo todo, a probarlo todo, a tocarlo todo. Los sentidos no tienen límites pero la moral está hecha de miedos. Os haré ver la inmensa ciénaga de vuestras pulsiones, las sublimes y las tenebrosas. Soy la fuerza oscura que asciende en vosotros hacia la luz.
Del centro de las profundidades, de los subterráneos de mi ser, brota mi energía creadora. Echo raíces en el cieno, en lo más denso, más terrorífico, más insensato. Como un horno ardiente, mi sexo exhala deseos que, a primera vista, parecen de naturaleza bestial, pero no son sino el canto oculto en la materia desde el origen del universo.
Mi intelecto, luz procedente de las estrellas, fría como el infinito, actúa sobre el calor eterno del magma para producir el rugido creador. Cielo y tierra se unen en ese grito, despertando al mundo. Puedo hacer que cada humilde piedra se convierta en una obra de arte. Puedo hacer que en árboles raquíticos crezcan frutos jugosos.
Llámalo potencia sexual, energía de la materia, dragón, kundalini… Es un caos inconmensurable que cobra forma en mi interior. En mi vientre se unen un diablo y un ángel formando un torbellino. Como un árbol estiro mis ramas hacia el cielo reforzando al mismo tiempo mis raíces en la tierra. Soy una escalera por la cual la energía sube y baja simultáneamente. Nada me asusta. Soy el comienzo de la creación.
(La vía del Tarot, de Alejandro Jodorowsky y Marianne Costa) Sigue leyendo
